domingo, 12 de abril de 2020

Los sueños de Miguel. ¡Juguemos!

Toma una postura cómoda tumbado o sentado. Pon algo de música si te aparece. Baja las luces. Enciende una vela.

Concéntrate en el latido de tú corazón. Puedes poner tus dedos índice y corazón sobre el cuello o la muñeca. Con la práctica no necesitarás hacerlo y sentirás tu corazón resonando en el cráneo, en el pecho, en la lengua... Juega y disfruta de las sensaciones.

Mantén una respiración profunda y consciente. Ana María Oliva recomienda que la inspiración y la espiración duren el mismo tiempo, por eso te pide que cuentes hasta 4 o 5. Personalmente, yo prefiero no contar y centrarme en la sensación, pero si tu mente vuela de un pensamiento a otro contar te ayudará a aquietarla.




Los sueños de Miguel

Cuando recibió la carta Miguel en un primer momento se emocionó. Desde que era niño había soñado con conocer a una bruja... perdón, hechicera. Pero enseguida se dio cuenta de que no le había hecho un regalo sin más. Le había puesto ante una tesitura bastante compleja. Si quería conocerla..., -y, por Dios, que quería conocerla- debería lograr antes su gran sueño. Y no podría presentarse ante ella con algo superficial, pues ella lo sabría y le daría con la puerta en las narices.

Y, a continuación, comprendió algo peor aún. No solo debía lograr aquel gran sueño. También debía saber cuál era su gran sueño. Debía descubrir que era lo que su alma anhelaba. Él se había pasado la vida dando tumbos de acá para allá, de trabajo en trabajo, de ciudad en ciudad, de mujer en mujer. Y ahora le hacían la pregunta que llevaba 33 años evitando responder.

Sintió pena de sí mismo y una lágrima corrió por su mejilla y cayó sobre la carta, que aún sostenía en sus manos temblorosas. Y leyó: “Sé que estás preparado para esto”.
Esto le hizo recobrar las fuerzas. En ocasiones, que alguien crea en nosotros, cuando no tenemos fuerzas es lo que nos alienta a continuar hacia delante.

Con cierta, vergüenza, pero dispuesto a superar el reto que le había propuesto la hechicera, escribió:

Querida Judith,

Tengo que decirte algo que me apena y me duele. A lo largo de mi vida he deseado muchas cosas: viajar por todo el mundo, ganar dinero, compartir mi vida con una mujer, ¿tener hijos? Quizás... Pero realmente, no tengo la menor idea sobre cuáles serán los deseos de mi alma. Y todo lo que he deseado a lo largo de mi vida me parece superfluo y banal. Pero creo que debe haber alguna manera de descubrirlo. No puede ser que algo tan importante permanezca oculto por siempre. ¿O sí?

Atentamente, Miguel.

Querido Miguel,

Ciertamente los deseos del alma permanecen ocultos para muchas personas durante toda su vida. No porque se trate de un misterio insondable, sino porque hay que ser muy valiente para aceptarlos. Los deseos no son caprichos infantiles, ni algo que busque solamente hacerte la vida más fácil. Se trata más bien de algo que te supondrá un reto. Algo que estás destinado a alcanzar si estás dispuesto a trabajar por ello. Te contaré algo. Si quieres alcanzar tus sueños deberás entrar en coherencia.

La coherencia consiste en que mis pensamientos, emociones y actos estén alineados y esto es algo que los seres humanos practicamos poco. Pero existe una coherencia  física que se da cuando las frecuencias cerebrales se combinan con las frecuencias del corazón y surge una armonía entre ambos órganos. Ana María Oliva explica maravillosamente bien esto. Te invito a que la escuches en el siguiente vídeo.





domingo, 5 de abril de 2020

La hechicera.

Hola, soy Judith, y estoy viviendo en Layos (Toledo). Esta tierra siempre atrajo a místicos de las tres culturas y en la Edad Media nos congregábamos aquí multitud de hechiceros y druidas para compartir conocimientos. 

Cuentan que la Edad Media fue una época de oscurantismo, donde el saber no tenía cabida, pero eso no es cierto. Lo que ocurrió, en realidad, fue que muchos empezamos a hacer descubrimientos que amenazaban a los poderes oficiales. La nobleza empezó a temernos pues vieron que si nuestro conocimiento se extendía por el pueblo llano perderían sus privilegios. Si los secretos de la cábala y la alquimia se propagaban no podrían dominar al pueblo.

Nosotros éramos conscientes de que "Saber es poder" y que el conocimiento en malas manos es peligroso, y si no que se lo cuenten a Albert E. Procurábamos ser cuidadosos y que nuestros conocimientos fueran puestos al servicio del la humanidad. La intuición de la gente comenzó a aflorar y empezaron a conectarse de forma masiva con su yo superior, pero algo salió mal. Algo se torció. El pueblo empezaba a pensar por sí mismo y su obediencia a los miembros de la Iglesia iba en detrimento y los poderes establecidos cargaron contra nosotros.

Las mujeres fuimos especialmente temidas, -aunque muchos hombres corrieron también nuestra misma suerte-. Nuestra conexión con lo femenino nos había vuelto sumamente poderosas. Como a muchas otras, a mí me acusaron de brujería. Ingenuamente pensé que lograría convencer a aquellos hombres de que aquella revolución espiritual sería beneficiosas para todos. 

En esta, mi decimoquinta encarnación, tardé 23 años en regresar a Toledo y entrar en lo que fue la sede de la Santa Inquisición, el lugar en el que fui juzgada. Actualmente, es una sala de conciertos y repetidamente he bailado allí hasta el amanecer, -confieso que con alguna copa de más-, liberándome de todo el dolor de aquella vida.

Actualmente, estoy recuperando mis poderes y te agradezco infinitamente la escoba que me regalaste. La mía estaba rota. Ahora yo también quiero regalarte algo.

Cuentan que las hechiceras, -nunca me gustó el término bruja-, concedíamos deseos. Eso no es del todo cierto. Nosotras solo enseñábamos a hacer realidad los deseos de la gente. La técnica es algo compleja, pero sé que estás preparado para esto.

Cierra los ojos. Pide un deseo. Medítalo durante un rato. El deseo debe provenir desde el fondo de tu alma, del amor y debe traer el bien para todos los implicados. Ahora siente que lo mereces e imagina cómo te sentirás cuando lo hayas logrado. Regodéate en esa sensación. Visualiza tu vida con aquello que deseas y deja que tu cuerpo se llene con todas las hormonas del placer. Recuerda que el cuerpo no distingue las experiencias reales de las recordadas o imaginadas. Emociónate. Ilusiónate. Agradécelo, pues tu deseo ya se ha visto realizado en otro plano. Ahora solo tienes que materializarlo en este.

Y cuando lo hayas logrado ven a Layos. Coge el camino del cementerio y en la última casa a la derecha te estaré esperando.

Judith.

miércoles, 1 de abril de 2020

El regalo. ¡Juguemos!

Vamos a subirnos a nuestra escoba. Cierra los ojos y piensa en qué cosas te hacen sentir feliz, te hacen volar alto. Qué actividad puedes realizar hoy desde tú casa para sentir que tú energía se eleva. De todo lo que hayas encontrado elige una y llévala hoy a cabo. Te doy algunos ejemplos personales. A mí escribir me hace sentir libre, pero también bailar, jugar con mis gatos, disfrutar de un baño caliente... Ahora te toca a ti.